Mi casa era el refugio y único lugar donde desde mi llegada se podían encontrar los olores y sabores de mi patria, claro está, que me encargaba a diario de lograrlo recorriendo las diferentes tiendas para conseguir los insumos necesarios. Alfredo había perdido doce kilos durante las primeras semanas de su participación en el proyecto. El cambio o sustitución en los hábito de consumo de algunos alimentos como pan por arroz, carne vacuna por pescado, le convertían los almuerzos en momentos de disgusto y para calmar tal malestar yo trataba de esperarlo con almuerzos familiares a su paladar.
Mis experiencias fueron innumerables, las tiendas se convirtieron en la fuente principal de mis aprendizajes en aquel lugar donde todo me parecía nuevo y desconocido. Entre muchas anectodas recuerdo una en especial porque tenía que ver con la comunicación con la gente, sus costumbres, su cocina, su cultura charlas que me podían tomar muchas horas sin que me cansara. Como buena tucumana me dispuse una mañana sorprender a mi marido con humitas al plato, pensé que entre los sabores que había recreado en mi mesa , el del norte argentino no podía faltar. Al llegar a la tienda, de frutas y verduras, advertí la ausencia del zapallo,ingrediente importante para dicho plato, pero en vano resultaron mis esfuerzos para greficar mi búsqueda . Mas tarde aprendí a llamarlo empleando el vocablo con el que, allí, lo denominan, gazapo. De igual modo tuve que aprender muchas otras palabras, expresiones y costumbres, en el marco de una sociedad con una concepción, particular, de la vida en la que todo gira alrededor de la naturaleza , su cuidado y su consevación, legados del imperio incaico.
En la vivienda que nos habían asignado cabían nuestros miedos y secretos, sin embargo el silencio y la paz cordillerana nos fue dando ,poco a poco, la confianza que tanto anhelabamos. Mi casa, con el correr del tiempo se fue convirtiendo en el lugar obligado de encuentros,frecuentes, entre los argentinos y colombianos más allegados.
Hermanados por la zozobra que impone el exilio, nos sentíamos convocados a unir nuestros esfuerzos para vencer toda adversidad y sobrellevar con alivio, las contingencias, que como latinoamericanos nos había tocado esta vez. De esa manera fuimos conformando un grupo de amigos entrañables, que hoy los recuerdo con añoranza y me pregunto si volveré a verlos algún día.
Mis experiencias fueron innumerables, las tiendas se convirtieron en la fuente principal de mis aprendizajes en aquel lugar donde todo me parecía nuevo y desconocido. Entre muchas anectodas recuerdo una en especial porque tenía que ver con la comunicación con la gente, sus costumbres, su cocina, su cultura charlas que me podían tomar muchas horas sin que me cansara. Como buena tucumana me dispuse una mañana sorprender a mi marido con humitas al plato, pensé que entre los sabores que había recreado en mi mesa , el del norte argentino no podía faltar. Al llegar a la tienda, de frutas y verduras, advertí la ausencia del zapallo,ingrediente importante para dicho plato, pero en vano resultaron mis esfuerzos para greficar mi búsqueda . Mas tarde aprendí a llamarlo empleando el vocablo con el que, allí, lo denominan, gazapo. De igual modo tuve que aprender muchas otras palabras, expresiones y costumbres, en el marco de una sociedad con una concepción, particular, de la vida en la que todo gira alrededor de la naturaleza , su cuidado y su consevación, legados del imperio incaico.
En la vivienda que nos habían asignado cabían nuestros miedos y secretos, sin embargo el silencio y la paz cordillerana nos fue dando ,poco a poco, la confianza que tanto anhelabamos. Mi casa, con el correr del tiempo se fue convirtiendo en el lugar obligado de encuentros,frecuentes, entre los argentinos y colombianos más allegados.
Hermanados por la zozobra que impone el exilio, nos sentíamos convocados a unir nuestros esfuerzos para vencer toda adversidad y sobrellevar con alivio, las contingencias, que como latinoamericanos nos había tocado esta vez. De esa manera fuimos conformando un grupo de amigos entrañables, que hoy los recuerdo con añoranza y me pregunto si volveré a verlos algún día.
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