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En los momentos en los que decido desacomodar la vida me refugio en, éste, mi rincón para crear un espacio para la escritura cuando, en realidad me siento en estado de lenguaje escrito. Aunque muchas veces no puedo distinguir qué es lo primero; si la soledad o la escritura. Sin embargo la palabra escrita, su cadencia, su musicalidad y sus cuidados, su intensidad y su intencionalidad me intimidan. No obstante si me lees no me sentiré tan sola, me sentiré reconocida.
jueves, 3 de septiembre de 2009
* UN COLLAR DE PERLAS CON SENTIDO*
A la hora de escribir me intimida la palabra" ser" y su implicación, esto es, me incomoda ser, yo, la que escribo por la exigencia que ello impone. La palabra, es la consecuencia de la escritura, y este paso es puramente subjetivo, propio, íntimo, impregnado, yo diría, de solemnidad. En el momento que uno decide desacomodar la rutina de la vida diaria para crear un espacio para la escritura e ingresar al mundo de las palabras, se produce un quiebre. Son días, o momentos de un día, en los que uno está en estado de lenguaje y desea escribir. Lo que se me torna imposible es distinguir, previo al acto de escribir, qué ocurre primero; la soledad o la escritura, en mi caso particular creo que vienen acompañadas. La escritura involucra un estado de intención e intensidad , además, hay una relación con el papel, el tacto, la inmediatez de la mano para volcar en él la idea que se va si no soy rápida, su cadencia, la musicalidad en el fraseo, el cuidado de las reglas de puntuación etc y todo ello articulado, siempre, al sentido y al significado. Por que no es la cantidad de palabras las que hacen de un texto una narración, sino sus vínculos de sentido y de significado para con quien lee. Y ya que hablamos de musicalidad, los invito a disfrutar de este precioso texto titulado Réquiem de Silvio Rodriguez.
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